no hay soluciones.
domingo, 17 de mayo de 2015, ϟ 0 comentario(s)

Resulta complejo, la mayor parte del tiempo, tomar distancia de la vida, poder analizar los sucesos con la cabeza en blanco y el corazón en frío, considerar cada camino y actuar de la manera más objetiva posible. A veces quisiera salir de mi mismo, encerrar mi yo-etéreo en una cápsula y observarlo, pensarlo, analizarlo, hacer cualquier cosa... A excepción de sentirlo.
¿Es eso, acaso, más conveniente? La depersonificación se presenta como un síntoma de estrés y depresión. Cuando al fin lo logras, cuando al fin puedes apagar tus sentimientos y pretendes solucionar, establecer pautas, resulta que el vacío que esto conlleva hace imposible el acto de pensar con claridad. Y da igual si ya es algo común para ti, de un modo u otro siempre duele, siempre impacta, siempre desespera... Entonces lo único que deseas es poder sentir, poder dejarte llevar, poder abandonar los cuestionamientos, poder vivir, incluso si la vida se presenta como un eterno y cambiante proceso que es difícil de enfrentar, que a ratos desprecias, que en ciertos momentos quisieras dejar de (no) protagonizar.
A modo de confidencia, confesaré que no entiendo cuál es nuestro propósito. A mis veinte años, no creo tener uno. Disfruto de la vida, tengo proyectos, planes, pero en verdad no creo tener un propósito como ser humano y tengo la suerte de que esa afirmación no me angustia. Quizás sea resignación, quizás sea, dentro de todo, abandono... O quizás sea que tan sólo comprendí, a pesar de no haber aprendido a vivir con ello por completo, que mi vida probablemente no sea más que una vorágine de sentimientos, un caos infinito que me consumirá hasta que todo se disuelva en la nada y al fin pueda contemplar la paz.

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